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Algo malo va a pasar hoy

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Algo malo va a pasar hoy

Jhovanny Martes Rosario

7 de julio del 2007 (6:30 p.m.)   

 

                       

 

La superstición es a la religión

lo que la astrología es a la astronomía,

la hija loca de una madre cuerda.

Voltaire    

 

 

—Pedro, tengo un presentimiento. Algo malo va a pasar hoy —dijo ella, nerviosa. 

—¿Oh sí? ¿Y por qué lo dices, Querida? —inquirió él sin dejar de hojear el periódico. 

—No sé, Pedro, sólo que mi sexto sentido me dice que algo malo va a pasar hoy —explicó ella. Acto seguido sorbió un trago de café, afeando la cara por lo caliente que estaba éste.

 —Bueno, sólo espero que no sea a mí a quien le caiga el maleficio —comentó él de forma socarrona. 

—No te burles, Pedro. Hablo en serio. Dime, ¿Qué fecha es hoy? 

 —Pues, a ver… 6 de junio de 2006. —¡Lo ves! ¡El 6, 6, 6 es el número de la Bestia!

 —Oh, por Dios, Querida, qué tonterías dices. Hoy es un día común y corriente como cualquier otro.  

—¡No! ¡No lo es! Mi corazón no me traiciona, algo malo va a pasar hoy. Creeme, Pedro. El corazón me está dando unos brinquitos extraños. 

—¿De verdad? Entonces haz una cita con tu cardiólogo, Querida. 

—Pedro, no me tomes el pelo, por favor. Te digo que algo malo va a pasar hoy, y algo malo va a pasar. Escucha bien señor incredulidad, como estoy segurísima de que algo malo va a pasar hoy, no saldré a la calle ni por asomo. 

—Muy bien, Querida. Para empezar a exorcizar tu superstición, ve a la habitación, pon música clásica o haz yoga. Eso te relajará un poco. 

—No es mala idea. Haré yoga. De cualquier modo, sé que algo malo va a pasar hoy. La fecha no es pura casualidad.  

Ella se retiró con una mirada paranoica. Él por su parte siguió leyendo el periódico. Tanto lo leyó que se quedó dormido en el sofá, roncando como oso invernando en su cueva. Como una hora después, despertó de sobresalto, fastidiado por un prolongado timbrazo de la puerta, entonces, sulfurado, fue a abrir la puerta. 

—¡Oh, doña Eulalia. Mi suegra querida. ¿Cómo está usted? ¡No la esperábamos hoy! 

—No seas inepto, Pedro duraste demasiado para abrir. Dime ¿Dónde está Isabel?

 —¿Isabel? 

—¡Aquí estoy madre! Estaba haciendo yoga en la habitación. 

Madre e hija se dieron un efusivo abrazo. Pedro entonces recordó la conversación  anterior que sostuvo con Isabel, aclaró la garganta y le dijo a los oídos: 

—Querida, tu corazón no te engañaba con lo del 6, 6, 6, tu madre.

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