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El espíritu de la ouija

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El espíritu de la ouija

Jhovanny Marte Rosario

7 de junio, 2008

9: 52 p.m.

Cuando terminamos de jugar con la ouija, nadie quiso quedarse con el tablero, por lo que, decidido, accedí a llevármelo para mi casa. Ahí empezó la desgracia.

 

Esa noche, cansado, llegué a casa y coloqué la ouija encima de la mesa. Me despojé de la ropa para darme una ducha y, al pasar cerca de la ouija, vi el puntero desplazarse y pararse sobre el tablero. Reculé un poco, boquiabierto. Me quedé mirando por un instante el puntero, pero no se meneó, por lo que pensé: "El miedo hace mover cosas." Dicho esto, el puntero volvió a menearse. Esta vez sí que me asusté con razón. Sin embargo, no me eché hacia atrás ni una pulgada, y tampoco le quité la vista a la ouija. Esta vez, el puntero se desplazó, basculante, y se detuvo en la letra m, luego en la i, después en la n, la o, la m, la b, la r, la e, la e otra vez, la s, , la j, la u, la l, la, i, la s, la s, la a, lo cual decía: Mi nombre es Julissa. Paralizado por el temor, pregunté de manera mecánica: "¿Qué quieres de mí?" Entonces el espíritu de la ouija escribió una j, luego una u, después una s, y una t, una, i, una c, una, i, y finalmente una a, lo cual formó la palabra: Justicia. Me llevé la mano derecha al pecho, suspiré copiosamente; entonces con el fin de relajarme, proferí: "Salgan de donde están muchachos. La broma acabó." Pero no hubo respuesta alguna. Volví la mirada al techo para ver si pendía algún hilo transparente del puntero. No vi nada. De repente, se cayó un cuadro de la pared. Muerto del miedo, sacudí la cabeza de izquierda a derecha. Entonces, dominado por un impulso humano incontrolable, tumbé la mesa de una patada. Para mi sorpresa el puntero quedó intacto sobre el tablero, y empezó a moverse más y más; hasta formar un mensaje que advertía: "Si no me ayudas a matarlo, no te dejaré dormir jamás." Arrebatado de no sé qué, le asesté una patada a la ouija que la hice chocar contra la pared, pero en vano fue, el puntero no se separó del tablero y escribió esta vez: "Mata a Luis Malagón y te dejaré en paz." Aterrorizado, salí de aquel lugar como alma que lleva el diablo. Fui a casa de Julián, mi mejor amigo, quien de buena fe me dejó pasar la noche en un sofá-cama. No obstante, no pude dormir más de una hora, a causa de un ruido de tambora que se escuchaba en la lejanía.

 

A la mañana siguiente retorné a mi hogar. Tomé la ouija y la metí en una caja y luego en el armario. No la destrocé, porque recordé que uno de mis amigos dijo que quien se hace cargo de una ouija no pude destruirla porque quien atente de tal forma, le puede recaer una maldición peor que la que le aconteció a los profanadores de la tumba de Tutankamón. Aletargado, me dejé caer en la cama y dormí hasta, más o menos, las 5 de la tarde, cuando de repente me despertó un mensaje del teléfono celular. Era Julián, quien me recordaba que hoy empezaba nuestra primera clase de inglés en el instituto en el que ambos nos habíamos inscrito. Llegué un poco tarde a las clases, pero pronto el instructor me integró a la dinámica del grupo. Tratábamos de dominar la pronunciación del alfabeto. En una práctica escrita, el profesor nos fue preguntando, uno por uno, que cuál era nuestra letra favorita, en la medida que contestábamos debíamos escribir, en nuestro cuaderno, el nombre del estudiante junto a la letra predilecta. Mientras los demás escuchaban las explicaciones del instructor, yo, descubrí que con cada letra expresada se llegaba a formar un acróstico que indicaba: "Mata a Luis Malagón o tú morirás." Pero más escalofriante sería mi sorpresa cuando, presentándonos uno a uno, el instructor, quien fue el primero en presentarse, anunció: "My name is Luis Malagón." Concluida la clase y, de regreso a casa, le conté todo a Julián, quien me aconsejó que visitara a un médium lo más pronto posible para exorcizar el espíritu, porque aquello era paranormal.

 

Llegué a mi hogar y, vacilante, entré a la habitación. Todo lucía tranquilo. Tarde en la noche, cuando intentaba dormir, me despertó un ruido incesante como de atabalejos que provenían del armario. Me tapé los oídos, pero el retumbar del ruido continuó repercutiendo y rebotando en las paredes de mis tímpanos. Inmovilizado por el miedo no hice otra cosa que zambullir la cabeza debajo de la almohada. Y así me la pasé hasta el amanecer. Desde que me levanté, llamé a Julián para contarle lo ocurrido, y me dijo que era un hecho que mi casa había sido maldecida por la ouija. Fui al trabajo, pero rendido del sueño, solicité un permiso para regresar a casa, con la excusa de un fuerte dolor de cabeza. Llegué, me acosté y pude dormir varias horas. Entonces cuando desperté, determiné que la anatema se manifestaba sólo por las noches. Aburrido de hacer nada, encendí mi laptop y me conecté a interné. Clicleando en un hipertexto vi cómo algunas teclas se iban hundiendo sucesivamente hasta formar el hostigante mensaje de: "Mata a Luis Malagón o no te dejaré en paz jamás."  Acosado por el albur de la oscura situación, Llamé a Julián y lo invité a que pasara la noche en mi casa,  en una  habitación contigua a la mía; Julián  accedió, aunque con cierto recelo. En la madrugada, cuando pugnaba por conciliar el sueño, volvió de nuevo a escucharse el mismo ruido. De sobresalto, me salí de la cama y me precipité a la habitación de Julián, y mientras el tun-tun, tun-tun me punzaba la cabeza, le pregunté que si lo escuchaba, él me contestó que no.  Lo llevé a la habitación y él mismo abrió el armario, y le pregunté de nuevo que si podía escucharlo esta vez, pero me respondió que no. Entonces deduje que el asunto era peor de lo que imaginaba para mí, ya que en esas circunstancias, todo el mundo me iba a tomar por loco. Ambos nos fuimos a la otra habitación a tratar de pegar las pestañas; sin embargo, mientras él soñaba con placidez, yo ni siquiera pude cabecearme un pelín.  

 

Al día siguiente, Julián me sugirió, con cierta socarronería, que olvidara lo del médium y que en vez recurriera a un sicoterapeuta. Desde ese  punto, comprendí dos realidades muy mías: una, que estaba solo en esto. Y dos, que debía averiguar, por todos los medios a mi alcance, el verdadero vínculo de Luis Malagón con Julissa, el espíritu de la ouija. Lo primero que hice fue renunciar a mi trabajo para poder descansar en el día, ya que las noches eran del espíritu de la ouija. Lo segundo fue buscar un modo de acercarme a Luis Malagón. Esto no me fue muy difícil porque el profesor ofrecía clases privadas de inglés. Por lo que contraté sus servicios académicos por un mes.

 

Este tal Luis Malagón era un hombre de algunos 38 años de edad. Vivía solo, en una casa un poco alejada de las demás del pueblo. Era un hombre amigable, pero un tanto descuidado con algunas cosas. No tenía familia en el pueblo. Según él, todos sus seres queridos habitaban en Suiza. La gente no conocía mucho sobre la vida de Luis Malagón y esto hizo que el asunto se tornara más intrigante aún. "¿Por qué me asedia el espíritu de la ouija para que mate al profesor de inglés? ¿Por qué me eligió a mí para esta misión tan macabra y no a otro?" Me preguntaba a solas.

 

Pasaron los días y las noches, entre mis desvelos por causa del reincidente ruido, el acoso de los mensajes secretos del espíritu de la ouija y mis pesquisas en torno al caso. En lo personal, pensaba que si no lograba hacer algo pronto, perdería el juicio sin remedio. El fastidio de todo esto, me hizo tomar dos decisiones radicales: deshacerme de la ouija sin importar lo que ocurriera, y mudarme de la casa. Sin embargo, ejecutado el plan, en nada cambió la situación, al contrario me ocurrieron cosas más extrañas. No obstante, sí puedo comentar que una noche en la que me cepillaba los dientes, el espíritu de la ouija logró tener contacto conmigo a través del espejo. No me asusté como era de esperarse, porque la mente del hombre, luego de un tiempo, tiende a adaptarse fácil a su realidad, aun sea esta adversa.

 

Pero bueno, lo que vi en el espejo no tenía pinta de un espectro, con un rostro desfigurado y todo un revoltijo de venas  sangrantes por doquier, sino más bien una muchacha de una belleza singular. El pelo negro, largo y lacio. De etnia blanca. Su mirada mortecina, me decía que en ella se reflejaba una gran angustia. Cuando miré hacia atrás, no había nadie allí y cuando luego miré el espejo, ella ya no estaba, pero había dejado impreso en el cristal el mismo mensaje de siempre: "Mata a Luis Malagón y te dejaré en paz." Entonces, abrumado por el asedio del caso, me dejé caer en el piso y aclamé:"¡Pero yo nunca he matado a nadie! ¡Déjame en paz, por favor!" En vano fue, esa noche el ruido fue más intenso que nunca.

 

A las 7 de la tarde del día siguiente, fui a mis clases privadas de inglés. Cuando llegué, el profesor me convidó a sentarme en un sofá de la sala y me pidió que lo esperara un momento porque le urgía comprar un medicamento en la farmacia. Favorecido por esta circunstancia, hice lo que el momento me empujaba a ejecutar a la sazón: husmear. Mi búsqueda fue breve ya que cuando entré a la habitación del profesor, hurgué en el gavetero y descubrí la razón del acoso del espíritu de la ouija:"Desconocido viola y mata a una colegiala." El artículo periodístico informaba que: "Julissa Malagón, la hija de un pastor adventista de descendencia suiza, llamado Luis Malagón, fue hallada muerta en unos matorrales cerca de un despeñadero en Higüey." Cuando terminé de leer, seguí buscando en otras gavetas y encontré algunas fotos de la misma muchacha que contemplé en el espejo. Terminada la pesquisa, salí de aquel lugar y me senté en el mueble de la sala a esperar al profesor, y mientras intentaba resolver un crucigrama sobre historia egipcia, otro mensaje se me reveló destellante en el  papel: "Mata a Luis Malagón o no te dejaré en paz."

 

En ese supremo instante, llegué a dos conclusiones trascendentales para mi vida: Una, que sin lugar a dudas el violador y matador de Julissa fue su propio padre, Luis Malagón, y dos, que yo estaba totalmente decidido a recuperar mis sueños nocturnos a  cualquier precio.

 

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Comentarios El espíritu de la ouija

Excelente, esta de suspenso...pero no seas cruel, falta la otra parte.
No lo dejes para la imaginación de cada quién...
Buen thriller.
Saludos Master.
Luis Fernando 15/07/2008 a las 11:33
weno...weno... jugue a la ouija aze tiempo... y todavia sigo intrigado... fueron mis colegas los q movian el vasito ese o de verdad avia algo mas q un carton con letras y numeros.... espero q tu historia sea solo un cuento.
nicoylorena@yahoo.es nicoylorena@yahoo.es 05/10/2008 a las 14:46
es  impresionante lo tubiste k pasar muy mal oye espero k me digas como se hace porfa :-)
vanesa vanesa 20/10/2008 a las 11:57
olle y lo mataste?? desde cuando paso eso? xfavor conetsa o temo k me pase lo mismo k a ti!!
Anónimo 15/12/2008 a las 17:34
Hola, chicos, gracias por vuetra lectura.
pos la neta es que en la vida no sabemos a ciencia cierta
lo que puede acaecer, lo mejor es no creer pero con dudillas,

gracias,

jhovanny
jhovanny 27/12/2008 a las 13:57
bemo estoy casi muerto en una cama por culpa de la ouija por q eso el tablero p
Anónimo 10/01/2009 a las 21:19
que calimex y a la vez aterradora esa historia
anonimo anonimo 07/05/2009 a las 01:39
Pos sí que lo
es, sí que lo es,
cuidate de jugar con estas cosas espiritistas,
j
Yo tambien he visto cosas...
Paca Paca 26/09/2010 a las 20:23
wow, pues no dejes que esas cosas se vayan a tu subcociente.
jhovanny :-)
Esta hitsoria esta buenisima muy bien redaktada y evidentemente el suspenso no para, me daba miedo leerla pero me atravi, realmente me ha gustado, konsidero k eres un gan narrador de historias pero sobretodo posees excelente imaginacion,; ahora devo kreer k es invento de tu mente verdad....................... porfavor sigue eskribiendo y hasme saber la segunda parte gracias.
Bonita Bonita 20/05/2011 a las 04:27
Hola Bonita;
la verdad es que la narracion es fruto de una experiencia que tuve una vez con este tipo de juego, pero nada, no paso de ser un simple susto. Y se me ocurrio escribirla.
Saludo,
Jhovanny

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