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La mariposa negra

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 La mariposa negra

 Jhovanny Marte Rosario

(El Quisqueyano)

30 de Noviembre del 2005 (10: 30 pm)  

 

El día que las mariposas dejen de cernerse en el cielo,

seremos testigos del retorno de las bombas radioactivas. 

 

 

 

¡Fue injusta su muerte! Llegó desde lejos, cansada. Había volado mucho. Buscaba un lugar cálido en donde reposar sus alas. ¡Pobrecita! al divisar la casa de los Alvarez, no dudo en entrar por la hendija de la ventana. Pero para su desgracia Rufino, quien a la sazón husmeaba a través de la ventana contigua, reparó en su llegada y abandonó su brechar para hostigarla, pero con cierto temor. Desde que la vio, la detestó. Quizás, porque desde pequeño le enseñaron a detestar las mariposas negras y grandes. “Traen mala suerte.” Escuchaba decir.  

En el rancho, sentada en la silla de guano, estaba doña Bernarda, angustiada. Con los brazos cruzados por encima de sus senos y, con ambos pies encaramados en el travesaño de la silla. Sus ojos… llorosos, delataban el presentimiento que todos tenían. Volvía la mirada de izquierda a derecha, con la esperanza de –al menos– verlo llegar por el boquete de entrada de mayas que daba al caminejo del potrero. Pero nada, sólo se apreciaba la oscuridad, confabulada con el silbido del viento entre el platanal.   

No resistió más, levantóse y  caminó de un lado a otro con marcado nerviosismo. Se detuvo un instante, aguzó la mirada hacia el potrero, mas sólo alcanzó a ver las dos vacas enflaquecidas de Rufino (despiertas aún); inquietas, como si estuvieran en vigilia junto a los demás. Doña Bernarda sólo pensaba en la suerte del otro –en la de Andrés–: el borrachón. En la de Andrés el bravucón o “ei amemao” como, paradójicamente, un día lo catalogó su mujer, en el lecho. Las chicharras entristecían la atmósfera con su canto chillón. Todo en aquel hogar hedía a muerte. La noche avanzaba… lentamente.    

 Allá, en el carcomido seto de tabla de palmas, la sombra de Rufino se retorcía al compás de la sinuosa flama de la lamparita “jumiadora”. Mientras la mariposa agitaba sus alas, rebotando de un lado a otro, en apariencia, desorientada.    

 “Ere j’un pájaro malo” increpó Rufino con aparente odio y acto seguido, dobló su pierna izquierda con cautela para alcanzar una de sus chancletas, sin quitarle la mirada a su “enemiga,” la cual voló hasta el umbral de la puerta donde se aposentó por un instante. De ahí, levantó vuelo y se posó en uno de los maderos verticales del seto, cerca del retrato de Andrés; donde permaneció tranquila, ausente del inminente porrazo. Rufino, quien no le perdía ni pie ni pisada a la mariposa, aprovechó para acercársele de a poco, con el brazo levantado, al tanto que mojaba su labio inferior una y otra vez, ansioso. Se aproximó, tenso, medio agazapado conteniendo el aliento… 

Fue el “Gambao”, el primo de Andrés quien lo trajo. Desde que su tía Bernarda se lo dijo, éste aparejó la burra y salió al trote tras el despechado primo, para así tratar de evitar lo que todos sospechaban que podía ocurrir. “Tráemelo vivo.” Le encomendó doña Bernarda, mientras se santiguaba ante su altar, grávido de santos. “A ese cagueta lo mato yo hoy, carajo. Le vua  enseñai que a mi se me repeta” Fueron las últimas palabras de Andrés antes de llegar a su destino final.    

 Fue un pleito desigual. Un machete no fue suficiente para derribar a uno de los hombres de la Guardia de Mon; no, no lo fue para ajustar cuentas con el hombre que le quitó su mujer. Porque Andrés, regresó al rancho, pero en el lomo de la burra, atravesado, con manos y pies colgados al suelo. Chorreaba aún, sangre. “Lo mató a quemarropa tía, lo mató tía.” Se lamentaba el sobrino, dolido, con los ojos azorados, mientras limpiaba con su camisa, las manos ensangrentadas.  

Cuando Rufino escuchó el lamento de la madre, no dudo en ajusticiar la mariposa de “mal agüero.” Dio un olímpico salto y la apachurró de un golpe macizo, dejando en la tabla, una mancha amarillenta esparcida. “¿Pa´qué trajite  la muite? ¡ pa´qué, caray?” reclamó, cabizbajo. Consumado todo,  corrió a consolar a la madre…por la muerte de Andrés, su hermano.

 

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Comentarios La mariposa negra

les quero decir q no lei ni una cosa xq me dio lata pero
yo creo q es fome pero deverian poner mas dibujos para
imaginar lo q c esta leyendo
ya eso no mas
chai
jacinta jacinta 20/07/2007 a las 22:16
me gusto mucho el texto.lo pondre en el flogg
i la foto tamen me guso mutooo!
taniia taniia 22/07/2007 a las 15:11
tytuu
Anónimo 31/07/2007 a las 03:53

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